Estudié Diseño Gráfico Multimedial y de ahí me fui corriendo hacia productos digitales complejos: plataformas financieras, sistemas de diseño, software enterprise. Ahí aprendí que diseñar bien se mide en estructuras que un equipo pueda sostener y evolucionar durante años, más que en la prolijidad de cada interfaz.
La parte más difícil del liderazgo de diseño resultó ser sostener un criterio el tiempo suficiente como para que una organización lo adopte como propio: meses evangelizando equipos que no creían que hiciera falta, hasta que dejó de ser mi idea y pasó a ser el estándar. Esa espera es la parte del trabajo que menos se cuenta y más define si algo queda o se archiva.
Con la IA tengo un método. Codifiqué el sistema de diseño de la compañía en herramientas que generan prototipos navegables, y eso cambió la escala de tiempo del trabajo: cerrar una idea pasó de una semana a poder mostrarla en minutos, y un prototipo de escritorio se adapta a iOS y Android en un par de horas. Lo que sigue siendo escaso es el criterio, y esa es la parte que no se delega.
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